Centro de Cultura Digital 2013-2017

Durante cuatro años fui Subdirectora de Contenidos del Centro de Cultura Digital. Estuve a cargo del Laboratorio Web del y del área de Comunicación.

Durante ese periodo, en el Laboratorio Web, trabajamos en el diseño y desarrollo de varios proyectos. Entre ellos destacan: la página del CCD, E-Literatura, CCD Radio, Güiquimí, Comunidad, así como el sistema de gestión de contenidos de cada uno de estos sitios.

Geeks

Al tiempo que las computadoras se han vuelto una herramienta indispensable para la vida cotidiana, el término geek ha trascendido el insulto estudiantil para convertirse en un término de identidad cultural. El geek pede ser al mismo tiempo un misfit, un genio, un fan súper efusivo así como un sofisticado hombre de negocios con gustos excéntricos. 

Perece ser que hoy en día los geeks están en todos lados. Las salas de cine pobladas de superhéroes, las comunidades en-línea congregándose para grandes encuentros de libro-cómic, infinidad de hackatones y programatones, las mesas directivas en Silicon Valley, Julian Assange como abanderado de un movimiento tecno-liberal global.

Según Kevin Kelly, la tercer cultura es la cultura de los nerds, una cultura pop basada en la tecnología donde la creación, y no la creatividad, es el método de acción preferido.

Esta selección de imágenes fue pensada a partir de las preguntas ¿es posible aplicar lo geek a una forma de ver? ¿Es lo geek un lenguaje visual que va más allá del estereotipo? ¿Existe lo geek en el paisaje? ¿Está lo geek inevitablemente ligado a la tecnología? ¿Se puede reinterpretar composiciones clásicas a partir de un punto de vista geek? ¿Puede la mirada geek apropiarse de cualquier lenguaje y resignificarlo para satisfacer un capricho intelectual?

Cuando hablamos de una mirada geek nos podemos referir tanto a imágenes plagadas de referencias a mundos virtuales así como  el fetichismo de la acumulación de información o el humor del individuo sobre-educado, pero socialmente marginal. La esencia de la vida, en el mundo geek, no es el carbón o el agua, sino el DNA, es decir, la información.

En esta selección encontramos trabajos como el de Dillion Marsh, cuyas antenas telefónicas disfrazadas de árboles nos hacen reír, en su intento fallido por distraer nuestra atención de una interrupción en el paisaje con una construcción aún más falsa, más llamativa, y más fuera de lugar dentro del mundo natural.
Está Hyung Koo Lee con una serie de retratos de humanos-humanoides en el proceso de ser transformados por la tecnología; el terror y la fantasía geek por excelencia. La singularidad como posibilidad real, cercana y posiblemente inevitable.

Ken Barthelemey con seres de otro mundo, con habilidades evolutivas que pueden superar las nuestras. La evolución se convierte, entonces, en el sistema inteligente más perfecto. La construcción de lo imaginado a través del lenguaje hiperrealista, eco de tantas ficciones hollywoodenses que nos aterran y seducen a la vez.

Las fotos captadas por el robot Mars Curiosity en Marte. La posibilidad de recibir un feed, en tiempo real, desde el punto de vista de una máquina, en otro planeta.

El joven prodigio inglés, Mishka Henner, con una mirada crítica hacía los sistemas de protección nacional, que tratan a sus ciudadanos y territorio como datos a procesar. Las fallas en las bases de datos se convierten quizá, en una esperanza de salvación. El error como característica inherentemente humana; el glitch en el orden.

Ross Damien Jordan con Favelização, otra imagen de terror, de lo que parece ser un futuro cercano, en el que la distribución de la riqueza es aún más desigual, la vida humana menos valiosa, y los sistemas financieros, aún más poderosos.

Cuando los videojuegos se han empeñado en construir universos ultra-detallados, sobrenaturales e hiperreales, los autores de The Unfishished Swan retoman una estética minimal, abstracta. El videojuego es una experiencia estética del terror y lo sublime a partir de elementos visuales elementales; asimila el lenguaje de la post-guerra, de los sobrevivientes. El jugador navega virtualmente a través de trazos de pixeles negros sobre la pantalla blanca. La simplificación de la ecuación como gran triunfo de la mente geek.

Pareciera que el imaginario geek piensa de manera obsesiva en la distopía, como consecuencia lógica de las tendencias sociales, culturales, políticas y económicas actuales. ¿Es este mal-lugar al que nos encaminamos? El geek, es por lo tanto, un viajero en el tiempo; alguien capaz de imaginar y vislumbrar el futuro, que vuelve a casa con la información necesaria para que, mientras que aún no sea demasiado tarde, tomemos las precauciones necesarias.

Este texto fue publicado originalmente en la Revista Picnic, en Diciembre 2013.

La imagen holográfica

En abril del 2012 ocurrió algo que hasta ese momento parecía inimaginable. Tupac, el famoso rapero asesinado en 1996, se presentó  junto a Snoop Dogg en el escenario de Coachella. Cantó, bailó, jammeó y al final su figura se fragmentó en diminutos pixeles y desapareció del escenario.

La proyección holográfica estuvo a cargo de la empresa AV Concepts y fue idea original de Dr. Dre. Fue realizada con un sistema de proyecciones de 30 x 13 que fue adaptado para bajar en el escenario en segundos y mantenerse oculto en la oscuridad. AV Concepts utilizó una tecnología que ellos mismos desarrollaron, llamada Liquid Scenic, que junto con la tecnología Musion,  y la producción de Digital Domain, logró hacer que varias proyecciones de alta definición convergieran en la representación de tamaño real del rapero.

En Japón ya existía un fenómeno similar. Hatsune Miku es un ente virtual que desde el 2007 llena estadios en Japón, ofreciendo conciertos con su voz sintética, haciendo que sus fans bailen y canten en unísono. Hatsune Miku fue desarrollada por Crypton Future Media que pretendía lanzar una “diva androide, que habitara en  un mundo del futuro cercano, en el que las canciones se hayan ya perdido.”

El hecho que las proyecciones holográficas 3D estén aquí me hacen pensar que se avecina una nueva era, el nuevo lejano oeste, en temas de derechos de autor. Hoy en día es posible registrar y traducir en código, todas las cosas, todos los gestos, que hacen singular a una persona. Podríamos hacer un registro lo suficientemente puntual no sólo de las características físicas de una persona, sino de cada una de sus particularidades. Cómo es su risa, su forma de pronunciar ciertas palabras difíciles, de gesticular al hablar, de bailar, de sonreír, de asentir cuando está de acuerdo.

¿Significa esto que ahora nos preocuparemos por registrar la “patente” de una persona? ¿Guardar por años el derecho a la reproducción de un artista? ¿De un ser querido? ¿ Será posible pagar para que Foster Wallace nos acompañe como invitado de honor en una cena entre amigos? ¿Se pelearan los hijos ante el testamento no bien resuelto por definir quién se queda con los derechos de reproducción de su padre? ¿Qué pasará con todas aquellas personas que ya se fueron y que se podrán revivir como lo hicieron con Tupac? ¿Reviviremos a sacerdotes? ¿A políticos? ¿Podremos revivir a Beethoven y hacer que este interprete una de nuestras piezas? ¿Significará esto que la virtualidad estará presente en cada momento de nuestras vidas? ¿Qué implicaciones tiene este hecho? 

¿Habrá versiones pirata de las proyecciones? Me imagino a Marilyn Monroe, con glitches, partes de su personalidad para las cuales no se obtuvo la información necesaria y que fueron alimentadas con respuestas genéricas, o las reacciones de alguien más.

La fantasía que introdujo a nuestros imaginarios Star Wars no parece estar tan lejos. Científicos en MIT trabajan por sacar una versión de bajo costo que hará posible realizar proyecciones holográficas desde una computadora personal. Rose and Thistle, una compañía basada en Toronto, trabaja por hacerlas accesibles desde tabletas portátiles. Llegará el momento que los lentes de google parezcan artefactos de un pasado lejano, torpe en su interacción con el mundo virtual.

Este texto fue publicado originalmente en la Revista Picnic.

Algo está pasando con el paisaje norteamericano

Algo está pasando con el paisaje norteamericano. Las escenas de la vida cotidiana que tanto fascinaron a artistas como Hopper, de pronto se han vuelto violentas, cargadas de angustia. Y es que el suburbio idílico que tantas veces hemos visto representado en el cine, la fotografía, la televisión, de pronto se ha convertido en escenario de escenas de terror como la masacre durante la premier de Batman, las bombas en el maratón de Boston y aquellas imágenes inolvidables de los adolescentes inmortalizados por la fama de haber asesinado a sus compañeros de clase. El sueño americano se está tornando pesadillesco. Historias que ni los mejores guionistas de desastre Hollywoodense podría haber conjurado. Y no es sólo el hecho de que millones de norteamericanos hayan perdido su hogar debido a la burbuja en el sector inmobiliario, sino un temor, de que aquello que alguna vez pensaron su derecho natural e inalienable, hoy está en riesgo.


Me parece que los cuadros de John Brosio captan de manera elocuente la angustia que provoca esta transformación. Sus personajes parecieran aferrarse a la vida que creían tener asegurada. Sus casas grandes, con porches blancos, sus albercas inflables, su derecho constitucional de portar armas, sus carreteras y pequeños negocios de familia de pronto amenazadas por un tornado . El futuro ya no está en sus manos. Aún no presenciamos la destrucción, pero somos testigos de la amenaza permanente. Ya nada les garantiza a los personajes de Brosio que si trabajan duro y respetan la ley, tendrán la posibilidad de una buena vida. Hay fuerzas mayores que destruyen ese sueño.  Los personajes parecen desafiara la tormenta con indiferencia, como si el mayor acto de resistencia fuera el no interrumpir lo que están haciendo. Frente al Apocalipsis, es mejor continuar bebiendo una cerveza.

Publicado en la revista Picnic, en julio 2013.



Pájaros en la boca

Y aún antes de que nada sucediera, pude ver la imágen de la cabeza golpándose, el cuero cabelludo estrellarse una y otra vez contra las irregularidades del piso, la cabeza perforada, la sangre espesando los pelos. (...) y después, puro, el rojo, manchándolo todo.
— Samantha Schweblin, Pájaros en la boca

Lori Nix, pequeños peligros, fuerzas mayores

A Lori Nix (USA, 1979) parece gustarle el silencio. Sus fotografías ocurren en el silencio que acompaña a quien registra la escena de un crimen. Enfrentarse con su obra es asumirse testigo y es por esta razón que sus fotografías obligan al espectador a moverse con sigilo. 

Nadie toque nada. 

Bajo esta pauta descubrimos los detalles que minuciosamente componen cada escena que Lori Nix imagina, construye y fotografía. En ellas reconocemos todas esas cosas, que a la vuelta de una equina, podrían por siempre modificar el rumbo de nuestras vidas. 

Los nidos de avispa que se postran sobre los muros de un museo de arte; los árboles que se abren paso por los pisos y techos de una biblioteca; los cuervos negros que anidan y hacen suyo el candelabro que en otro momento alumbró un elegante teatro; los amantes cuyo amor no cabía dentro de este mundo, se dejan caer, en un último abrazo, al río.

No estamos a salvo. Algo, cataclísmico, desastroso, sobrenatural, perverso y cotidiano nos acecha. Nuestras vidas, plagadas de lugares comunes, de espacios destinados al estudio y catalogación del mundo natural, cuidadosamente regidas por instituciones y sistemas que prometen libertad y la posibilidad de una vida más cómoda y por ende mejor, pueden, de pronto, rendirse ante fuerzas más poderosas.

Podríamos decir que el horror en la obra de Nix se resume en ese instante en que intuimos que Dios no existe, que estamos solos en un mundo inmoral. O peor aún, en el momento en el que intuimos que sí existe y que su fuerza supera por mucho todo esfuerzo de contención y racionalización. Terror.

Otros artistas han imaginado escenarios parecidos. Pero la obra de Nix no es Frankenstein, ni Godzilla, ni los pájaros de Hitchcock, ni el bebé de Rosemary. El título lo dice con acierto.  Los peligros de Nix son lo suficientemente pequeños para que sean desechados como fantasías por un psicoanalista poco receptivo. Peligros que pasan desapercibidos, escondidos bajo la tierra o invisibles atrás de un vidrio, hasta que un buen día, sin que nadie pudiera haberlo adivinado o evitado, rebasan el punto de inflexión y lo que antes parecía imposible, impone ahora SU nuevo orden.

A lo largo de décadas, Hollywood y su público han estado fascinados con el desastre. Pero, a diferencia de los escenarios planteados por la industria del cine, en el mundo de Nix no se vislumbra ningún héroe solitario, ningún temerario individuo que está dispuesto a poner en riesgo su vida, para salvar al mundo y sus habitantes del inminente huracán, meteorito, invasión extraterrestre, guerra biológica o crisis nuclear. En el mundo de Nix, los desastres ocurren sin resistencia. Y somos nosotros, los observadores, los que despertamos del sueño en el que hemos estado viviendo, satisfechos con nuestras propias quimeras, y nos enfrentamos a algo que ya ha ocurrido y no tiene remedio. Algo, que descalificamos por su insignificante tamaño y que tiene poder sobre nosotros.

Lori arma pequeñas maquetas, hechas a mano, en las que construye sus fascinantes escenarios desastrosos. No son muy grandes, 180 cm de largo a lo mucho, por que de otra manera no cabrían en su pequeño departamento en Brooklyn. Cada espina de cada diminuto cactus, que habita silenciosamente una vitrina del Museo de Historia Natural, fue construida con los bigotes que se le cayeron a su gato y ensamblada una a una a mano. Cada cuadro minuciosamente seleccionado, cada hoja de cada árbol delicadamente puesta en su lugar, cada detalle pensado con cuidado y humor. La mayoría de los objetos son creados a mano por la fotógrafa, pero en ocasiones, son hallazgos de alguna tiendas de juguetes o antigüedades. Una vez contenta con el resultado obtenido, Lori ilumina y fotografía la maqueta. El trabajo real ocurre frente a la cámara. Se ilumina el set, se le da vida a los personajes. Lori se encarga de la dirección de arte, de la iluminación, de operar la cámara y escribir el guión. En realidad, cada imagen fija, equivale a una pequeña película, en la que ella juega cada papel. Pero, a diferencia de lo que ocurre con el cine, la imagen fija no nos cuenta todo. Nos deja suspendidos en el momento en el que se descubre con horror que existe una fuerza superior a nosotros. Una vez realizada la fotografía, Lori desecha la maqueta.

Este texto fue originalmente publicado en Avispero, 2012.